jueves, 19 de febrero de 2009

18 ENE: SIGUIENDO LA RUTA 40 HACIA EL NORTE: ESQUEL (CHUBUT)









El domingo por la noche partimos hacia Esquel, 1200 km hacia el norte, por la ruta 40, todita de ripio. Salimos a las 12 de la noche y llegamos a las 6 de la mañana del martes, es decir, 30 horas de bus.

Al llegar a esta ciudad, la más grande de la provincia de Chubut, nos instalamos en el camping más cercano a la terminal. Decidimos comprar víveres para unos días e ir al parque nacional Los Alerces, que queda a una hora de la ciudad. Es una reserva natural que comprende un gran bosque de alerces y varios lagos y glaciares y hay un montón de campings libres. En el bus hacemos buenas migas con gente de Buenos Aires y cuando toca pagar la entrada al parque nos hacemos pasar por argentinos, cebando y tomando mate con ellos, sin decir palabra, el mejor disfraz. Así la entrada nos cuesta 8 pesos, en vez de 30 que le cobran a un extranjero.

Nos bajamos en el lago Futalaufquen (nombre mapuche que no conseguimos saber qué significa) y acampamos en un buen lugar con Leandro, Julián, Nico y Vale, los chicos que conocimos en el bus. Charlamos un montón con esta gente, sobre cómo se vive en españa y cómo en Argentina, sobre música, literatura, cine de acá y de allá... Además Leandro es percusionista y Nico trajo otra guitarra, así que por la noche, después de compartir una buena cena, hacemos una fogata con música de todos los colores.

Hay un tráfico incesante de mochileros por toda la Patagonia. Casi todo gente joven, argentinos, pocos extranjeros. Nos quedamos unos días haciendo vida de camping: caminatas, baños en el lago, fogatas...en fin, muy estresados no estamos...qué vida!

Después de pasar tres días en Futalaufquen, tomamos un bus hacia Lago Puelo, un poco más al norte, y nos instalamos en el camping, esta vez pagando. Por fin una ducha...

Este lugar es un hervidero de músicos, actores y actrices, artesanos, malabaristas...es increíble lo que acá se cuece cada día. La música suena en cada rincón, hay guitarras, bandoneones, melódicas, cajones, djembés, flautas, saxos, trompetas... melodías improvisadas en todos los estilos, la gente toca maravillas. El lugar, por descontado, nos atrapa, nos inspira, nos remueve de nuevo las ganas de tocar con Andergrau, con Semenéska y con todos los demás que ahora estáis tan lejos. Pero no falto a unas sesiones de jazz que durante dos tardes se han montado cerca de nuestra carpa, dibujando con la guitarra las líneas de bajo de temas como All of me, Four, Blue Bossa y muchos más.

En una de estas mágicas noches le hacemos nuestro particular homenaje a la abuela Isabel, que ahora pasa por difíciles momentos, cantando humildes melodías junto a un fueguito que levanta sus llamas hacia el techo de estrellas bajo el que respiramos. Es como el símbolo de la energía que queremos enviar a la familia: calor y luz, fuerza y serenidad.

Después de 4 días en este bohemio lugarcito de la Patagonia, nos movemos rumbo norte hacia El Bolsón, que queda a pocos km.

jueves, 5 de febrero de 2009

14 ENE: EL CHALTÉN, PATAGONIA VIVA












Al día siguiente las mañana está despejada y con poco viento, así que nos vamos a hacer un trecking hacia el Lago Torre, que alberga al glaciar Grande. El paisaje que recorremos es un bosque lleno de árboles y muchos de ellos están quebrados; en sus troncos se encuentran las larvas de unas termitas que los deboran. Estas larvas son el alimento del pájaro carpintero, que come diariamente el equivalente a su peso por el gran esfuerzo que le supone buscar las larvas.

Vamos andando con los ponchos-chubasquero puestos porque a ratos llueve y para protegernos del viento, y nos da la sensación de que somos hobbits o algo así, es un lugar hermoso. Nos cruzamos con un montón de gente que viene y va.

Al día siguiente la mañana nos recibe con un gran temporal de lluvia y viento. No se puede salir a la calle, es algo que en mi vida había visto, pero acá en El Chaltén resulta ser algo normal. Este pueblito se fundó en 1985 sólo como lugar de alojamiento para turistas; lo único que hay son albergues, campings, tiendecitas de víveres, locutorios y bares: todo para el que está de paso. Sólo viven acá todo el año los dueños de los negocios y deben ganar muy bien para ello porque vivir en este lugar es muy sacrificado. En invierno viven 300 personas y en verano, 4000.

El viernes amanece soleado, después de todo un día de temporal que nos deja encerrados en la cabaña. Así que aprovechamos el día para hacer la caminata hacia el Fitz Roy, famoso cerro que también le da nombre al pueblo, ya que los indígenas que habitaron estos parajes lo llamaron "chaltén", que significa volcán, porque eso pensaban que era: al estar casi siempre cubierto de nubes en su cima, parece que esté echando humo. El sendero hacia el pico es precioso, tardamos unas 5 horas y el último tramo es muy rocoso y empinado. Pero al llegar arriba, a la base del cerro, al admirar la Laguna de Los Tres y la Laguna Sucia, de un azul celeste intenso, con la nieve entre las rocas que vamos pisando, nos quedamos clavados de la emoción. Rodeados de belleza por todas partes, estamos orgullosos de haber llegado hasta este lugar un día despejado en el que se llega a ver a momentitos la punta del Chaltén. Inolvidable. Regresamos a paso ligero pasando por otra laguna llamada Capri, inmensa y cristalina, y en 3 h. y media llegamos al pueblo. Son las 22 h. pero todavía el cielo ofrece bastante luz: acá en la Patagonia, en esta época del año, amanece sobre las 5 de la madrugada y anochece a las 23, y en invierno amanece a las 9 y anochece a las 18 h. Qué loco, verdad? Nos es imposible intuir qué hora es, siempre pensamos que es más pronto de lo que marcan los relojes.

Ya en la noche nos despedimos de Markus y Eunisi, el alemán y la colombiana con los que venimos compartiendo viaje desde el Lago Roca. Parten hacia Bariloche. Ha sido muy agradable estar con ellos, una pareja muy divertida con la que nos ha encantado compartir, dar y recibir.

El sábado continua el buen tiempo y hacemos un senderito corto hacia el mirador de Los Cóndores y el de Las Águilas, que en realidad no valen mucho la pena comparados con los otros que ya hemos hecho. Pasamos el resto de la tarde en la cabaña, conversando con la gente nueva que va llegando y haciendo las tareas típicas de todo viajero-mochilero: revisar los víveres, lavar ropa, hacer cena, lavar cacharros, leer un poco, escribir este diario, dormir como angelitos ahora que podemos...

8 ENE: VOLAMOS HACIA LA PATAGONIA: EL CALAFATE (PROV. DE SANTA CRUZ)












Encontramos un vuelo B. As- El Calafate por 130 eu cada uno y, haciendo cálculos, ir por vía terrestre nos va a costar más dinero y muchas energías, así que decidimos ir en avión. El vuelo tarda 3 h. y nedia y todo transcurre con puntualidad. A las 17 h. llegamos a este pueblito situado junto al lago Argentino, rodeado de imponentes montañas de cimas nevadas.

Nos instalamos en el cámping, llenísimo de gente (empezaron las vacaciones de los argentinos). El pueblo es muy turístico, está lleno de bares, restaurantes y tiendas, todo caro, precios europeos, aunque los supermercados "la anónima" mantienen precios argentinos, así que estamos salvados por ese lado.

Pasamos un par de noches y el sábado 10 de enero nos vamos al Lago Roca, a unos 60 km de Calafate, donde hay un camping que nos recomendaron. El lugar es de cuento de hadas, muchos árboles, florecillas amarillas y violetas, montañas que parecen dibujos, con esas pinceladitas de nieve en las cumbres y tonos verdes oscuros sombreados en las laderas. y los cielos con esas nubes tan redondas... Los días aquí son espectaculares. Compartimos la parcela del camping con otra pareja, ella colombiana y él alemán, y se crea muy buena onda.

Nos dedicamos a hacer treckings por los cerros y caminos cercanos: el domingo subimos al cerro "los cristales", unos 1200m de altura, y desde lo alto se admiran las famosas torres del Paine, en Chile, y varios glaciares, entre ellos el famoso Perito Moreno; el lunes visitamos un lugar donde hay pinturas rupestres de la cultura tehuelche, indígenas que habitaron esta zona de la Patagonia; y el martes visitamos el Perito Moreno, el glaciar más grande del mundo en avance, una obra de arte de la Madre Tierra. Hacemos la siguiente jugada para entrar en el parque nacional donde está el glaciar sin pagar la entrada (que cuesta 60 pesos por persona): la tarde anterior, los chicos se van a Calafate a dedo; allí alquilan un coche por un día y regresan al Lago Roca; al día siguiente nos levantamos a las 6 de la mañana y con el coche nos vamos hasta el glaciar, que está a unos 40 km del lago, de manera que entramos en el parque nacional antes de las 8 h. (hora de apertura) y n hay nadie en las taquillas de entrada; disfrutamos de las vistas recorriendo las pasarelas casi vacías, en el silenio de la mañana se escuchan los desprendimientos del hielo, que al caer en el agua resuenan largo rato como un rugido que recorre todo el glaciar...ese sonido es algo único en el mundo. A las 10,30 h. empiezan a llegar colectivos llenos de gente y nosotros ya hemos disfrutado de un encuentro íntimo con el señor Moreno; tomamos el desayuno tranquilamente y a eso de las 12,30 salimos del parque; por suerte, no nos paran a la salida y la jugada nos sale perfecta. Al alquilar el coche, el transporte también nos ha salido mucho más barato; en total hemos ahorrado 200 pesos por pareja y, conforme están los precios por acá, nos viene de perlas.

En el sur todo resulta mucho más caro que en el resto del país. Hay tanto turismo extrangero que se aprovechan de la situación: cobren lo que cobren, la gente va a seguir viniendo, ya que éste es un lugar único en el mundo. Menos mal que hay muchois campings, que son la alternativa barata para gente como nosotros.

Después de la visita al glaciar regresamos al camping, recogemos las cosas y volvemos a El Calafate. En la termnal de buses decidimos tomar dirección norte y muy a nuestro pesar descartamos Ushuaia, ya que el viaje resulta muy costoso y pesado y encima hay que ir y volver por el mismo sitio; hablamos de 18 h. de viaje por carretera de ripio, en el que hay que tomar 2 buses, cruzar frontera con Chile, un barco... La plata se nos va, hay que seguir hacia el norte. Así que compramos víveres y tomamos un bus hacia El Chaltén, a unos 230 km, un pueblito desde el cual arrancan un montón de senderos hacia lagos, cerros y glaciares imponentes. Llegamos a las 21,30 y hace mucho viento y frío. Decidimos buscar un techo y encontramos una cabañita que nos sale a 70 pesos por pareja, barato en este lugar. Ahí nos quedamos.





29 DIC: VUELTA A SAN NICOLÁS PARA FIN DE AÑO












Decidimos volver de tirón para descansar unos días en San Nicolás y celebrar con esa gran familia el fin de año. El viaje desde Tarija (Bolivia) a San Nicolás (prov. de Buenos Aires) se convierte en una odisea de 37 horas, un día + una noche +otra día. Se dice pronto...

Pero llegar a un lugar que conoces, donde te abren la puerta y te reciben con abrazos, donde te ofrecen cama y toallas limpias, te lavan la ropa, te preparan comidas llenas de amor y buen gusto, después de andar casi dos meses sin saber dónde vas a ir a parar (y a veces llegando a parar en auténticos cuchitriles...), ese es el regalo más grande que nos podría ofrecer esta atípica navidad.

Re-encuentros
gente nueva y gente renovada
fiestas y celebraciones
buen vino
comidas caseras de concurso
mucha música
canciones nuestras suenan en todas las reuniones
nochevieja "de joda" hasta el amanecer
se forjan amistades
se estrechan los lazos...

Descansamos 8 días, sin hacer demasiado, nos dejamos cuidar, disfrutamos de la piscina y el lindo jardín de la casa, de los helados de la "Italia", de los paseos por la ciudad...
Y así nos recargamos para seguir adelante, rumbo al sur, como CARACOLES, de aquí para allá, con la vida en la mochila a cuestas...





jueves, 1 de enero de 2009

22 DIC: LLEGÓ LA NAVIDAD...












El dia 22, mientras en España todos esperan la llegada de las fiestas, nosotros nos pasamos parte del día y toda la noche viajando: desde Villa Tunari a Cochabamba ( 3 h y media) y de Cochabamba a Sucre (desde las 7 de la tarde hasta las 6 de la mañana). Duro viaje en un bus viejo, estrecho, lleno de gente que duerme hasta en los pasillos y en los maleteros, poco ventilación, olores fuertes... Estamos desarrolando con creces la virtud de la paciencia en este viaje.

Llegamos a Sucre, nos instalamos en un céntrico hostal, dormimos 2 horitas en posición horizontal, nos duchamos y salimos a recorrer las calles. Cómo no, el mercado nos atrapa: "¿ qué va a llevar, joven?"; "vengan, vengan! hay sopa de maní, chicharrón, majadito, tallarín con pollo!"; "comprame platanitos..."; "¿qué andan buscando?"; "ensaladita de frutas le daré, batido multivitamínico, pasen, pasen!"; "hay choripan, sanwich de palta con huevo, mate de coca, café, tomen asiento, ahisito nomás!"... Las voces de las mamitas no cesan en todo el día. Se respira la navidad, hay muchos puestos de juguetes, dulces navideños (el panetone y el roscón), árboles y adornos, belenes, villancicos (versión cumbia! socorrooo!!)

La ciudad es bonita, alrededor de la plaza 25 de mayo (fecha en que se logró la libertad en la guerra de independencia gracias al mariscal Sucre) se encuentran los edificios más importantes, todos de estilo colonial, que hoy en día hacen la función de iglesias y museos. También se ve a muchísima gente mendigando, tirada en la calle...uf!! son imágenes de 2 segundos que se clavan en la mente para toda la vida.
El día de nochebuena por la mañana viajamos a Potosí. llegamos a mediodía, nos instalamos y cogemos un micro que nos lleva al centro. Comemos una sopa en los comedores del mercado y después nos vamos hacia la Casa de la Moneda. Mala suerte: en la puerta hay un cartel que dice que va a esta cerrado 2 días por las fiestas navideñas, y justo ese es el tiempo que nos vamos a quedar... Es una pena porque dentro hay un museo del que todo el mundo habla, que cuenta la historia de la ciudad, tan importante durante la colonización con su imponente Cerro Rico, llenito de plata por fuera y por dentro, y también de cómo se empezaron a cuñar las primeras monedas en el continente. todavía hoy se sigue explotando el cerro, al pobrecito le están sacando las entrañas los sufridos mineros, que trabajan en durísimas condiciones por un sueldo de mierda. Justamente vemos una manifestación en la plaza central: para hacerse oir, estallan dinamita en las calles.
Nuestra cena de nochebuena consiste en una rica ensalada de frutas con yogur, pero poco puede comer Rober: le agarra un virus o algo así y se pasa la noche de cagaleras y vómitos...menuda nochebuena!

Al día siguiente, Navidad, como Rober está hecho polvo, nos pasamos la mañana sentados en un banco de la plaza viendo a los niños "bien" estrenando sus regalos de papá noel mientras los niños de la calle les observan con atención. Viva imagen de la desigualdad social latinoamericana.

Por la tarde cogemos el bus hacia Tarija y llegamos al día siguiente a las 6 de la mañana después de 11 h de carretera de piedras. Sin comentarios... Nos acomodamos en un alojamiento familiar y descansamos un rato. Después salimos a recorrer el centro de la ciudad: es el lugar con más gente de piel blanca que hemos visto en el país, aunque la mayoría sigue siendo indígenas. Por fin dejamos atrás el frío y el mal de altura, ciudad tranquila entre montañas, con ese particular trajineo de la gente boliviana, unos venden, otros compran, otros piden; viven, sobreviven, dejan que la vida pase sin más...

Al día siguiente nos vamos en micro a un pueblecito cercano llamado Coimata y pasamos el día en las montañas (cordillera de Sama), junto al río y los saltos de agua. Subimos 3 km por la quebrada, entre espesa vegetación, y en medio de dos cerros admiramos un salto de 3o m, espectacular. Ya teníamos ganas de naturaleza, las ciudades en Bolivia son muy pesadas. El humo que tiran los tubos de escape es irrespirable. La mayoría de los autos son viejos y no pasan ningún tipo de control. A veces tenemos que ir con media cara tapada con la chaqueta para no respirar esa porquería.

Y en fin, al día siguiente el virus me agarra a mí, igualitos síntomas que Rober, un día y medio largando residuos corporales, malestar, dolor de huesos... Depuración, al fin y al cabo, nada más grave que eso...
(FOTOS: 1) Coimata;
2) Tarija;
3) Potosí, Cerro Rico al fondo;
4) mamita e hijita;
5)mercado central de Sucre)

17 DIC: DE VUELTA AL ALTIPLANO: HACIA COCHABAMBA








El miércoles 17 de diciembre nos pasamos el día viajando: 3h y m4edia desde Copacabana a La Paz y 9 h más desde La Paz a Cochabamba. Llegamos de noche, muy cansados, y nos metemos en el primer hotel asequible que encontramos.


Al día siguiente paseamos por Cochabamba; alguien nos dijo que esta ciudad era linda, pero a nosotros no nos gusta nada, es sucia y apestosa, llena de coches que pitan a todas horas, caótica urbe incansable. Así que no lo pensamos demasiado y el viernes por la mañana salimos en bus hacia Villa Tunari, un pueblecito dentro de la provincia de Cochabamba enclavado en la selva boliviana. El viaje debería haber durado 3 h, pero tardamos 5 h en llegar: el bus, un cacharro lleno de polvo y mugre; el conductor, un gordo grasiento temerario que adelanta a camiones en las curvas y grita insultos a quien hace lo mismo que él, que engulle pollo con arroz mientras conduce, que para en todos los puestecillos de carretera para comprar más y más comida, que pone cumbia y reeageton a todo volumen y a quien no le guste que trague y calle... y para colmo, a mitad de camino se pincha una rueda y hay que esperar a que el gordo la cambie. A pesar de todo llegamos sanos y salvos y nos reímos de la surrealista situación.


Villa Tunari está a 290 m sobre el nivel del mar y el cilma es muy húmedo y caluroso. El cuerpo suda a todas horas, de nuevo los mosquitos y bichos sorprendentes, las picaduras, el sol abrasador, las tormentas tropicales... Nos quedamos 3 días en este pueblo del trópico cochabambino. Una mañana hacemos rafting por el río (primera vez para los dos), remando con la corriente en los tramos rápidos (más de una vez salimos disparados de la barca al agua por la fuerza del río) y admirando la vegetación y los pájaros en los tramos tranquilos. Es curioso, las comunidades indígenas de la zona atraviesan el río en tirolina, ya que es bastante peligroso cruzarlo a nado, y a veces se ve a una familia, padre, madre e hijo, cargados con las compras, volando en la cuerda de un lado a otro.


También comemos aquí pescados frescos de río buenísimos, el surubí, el pacú y el sábalo, a la brasa, impresionantes. Son típicos de la región y resultan baratos, igual que los plátanos: puedes comprar una rama entera, en la que habrán unos 40 plátanos, por 5 bolivianos, que viene a ser medio euro, o una papaya enorme por 2 bolivianos... Nos ponemos morados de fruta y pescado.




miércoles, 31 de diciembre de 2008

12 DIC: LAGO TITIKAKA, ISLA DEL SOL












El viernes 12 de diciembre, bien temprano, tomamos una barca que nos lleva a la isla del Sol. Decidimos ir a la parte norte; en la isla hay tres pueblos o comunidades indígenas: Yumani al sur, Challa en el centro, y Challapampa en el norte. Una vez en la isla buscamos el refugio de Alfonso (recomendado por un chico de Almería que conocimos en Uyuni). Subimos por un camino cargados hasta los dientes de provisiones y al fin llegamos al lugar: un auténtico paraíso. Nuestra habitación es una casita de barro, paja y madera, con unas vistas impresionantes del lago.

Don Alfonso y su familia, todos indígenas, nos reciben muy amistosamente. Nos ofrecen todo lo que tienen, nos tratan desde el principio como parte de los suyos. Hablan aymara entre ellos y castellano con nosotros.

Por la noche nos juntamos todos los viajeros del refugio y la familia para hacer una hoguera a la luz de una imponente luna llena; vienen unos músicos y tocan zampoñas, quenas y bombos mientras cogidos de las manos bailamos alrededor del fuego. Don Alfonso dirige el ritual, nos da la bienvenida, recalca muchas veces que todos estamos aquí para COMPARTIR y aprender, para respetar y vivir en armonía con la PACHAMAMA, para recibir la energía del Lago y los lugares sagrados de la isla. Nos cuenta historias de la Isla del Sol, cómo los incas asustaban a los conquistadores con tambores que rugían desde lo alto de las montañas, cómo hacían sus sacrificios, cómo vivían... Él es también consciente del cambio climático que hace ya unos 5 años que se viene notando, la Pachamama se revela, el hombre se ha portado mal con ella; se merece un respeto, debemos ofrendarle todo lo que ella nos da, estarles agradecidos en todo momento, porque es nuestra Madre Tierra. Cada vez que Alfonso tomaba un alimento, antes de ponérselo en la boca, enterraba un trocito en el suelo o lo lanzaba al lago, ofrendándolo a la Tierra.

Pasamos una noche mágica; acabamos sacando la guitarra y cantando junto al fuego hasta bien entrada la noche.

Y así pasamos 4 días en la isla en compañía de todos estos caracolitos trotamundos con los que hemos conectado con una fuerza increíble: Rafael, fotógrafo, Sao Paulo; Juan, artista de la calle, Buenos Aires; Mónica, artesana, Colombia; Betty y Alfonso, profe y electricista, Italia; Carolina, cocinera, Barcelona; Ezequiel, est. de ciencias políticas, B. Aires; Bruno, naturópata, Portugal; Jésica, artesana, Colombia; Jose, carpintero, Huesca. Qué variedad.

Comidas y cenas espectaculares, hechas al fuego sobre una cocina de barro; bañitos en el Lago, en ese agua helada que te carga de energía todas las células del cuerpo; caminatas, música, malabares, artesanías, conversaciones sobre la vida, risas y más risas, juegos con los niños, sopa de quinua cocinada con la mamita... vida pura y primitiva en total armonía con la naturaleza.

El Lago Titikaka, la gente de la Isla del Sol, uno de los mejores hallazgos que hemos encontrado en este viaje. Sin duda, un regalo de esos que no se olvidan.