jueves, 5 de febrero de 2009

8 ENE: VOLAMOS HACIA LA PATAGONIA: EL CALAFATE (PROV. DE SANTA CRUZ)












Encontramos un vuelo B. As- El Calafate por 130 eu cada uno y, haciendo cálculos, ir por vía terrestre nos va a costar más dinero y muchas energías, así que decidimos ir en avión. El vuelo tarda 3 h. y nedia y todo transcurre con puntualidad. A las 17 h. llegamos a este pueblito situado junto al lago Argentino, rodeado de imponentes montañas de cimas nevadas.

Nos instalamos en el cámping, llenísimo de gente (empezaron las vacaciones de los argentinos). El pueblo es muy turístico, está lleno de bares, restaurantes y tiendas, todo caro, precios europeos, aunque los supermercados "la anónima" mantienen precios argentinos, así que estamos salvados por ese lado.

Pasamos un par de noches y el sábado 10 de enero nos vamos al Lago Roca, a unos 60 km de Calafate, donde hay un camping que nos recomendaron. El lugar es de cuento de hadas, muchos árboles, florecillas amarillas y violetas, montañas que parecen dibujos, con esas pinceladitas de nieve en las cumbres y tonos verdes oscuros sombreados en las laderas. y los cielos con esas nubes tan redondas... Los días aquí son espectaculares. Compartimos la parcela del camping con otra pareja, ella colombiana y él alemán, y se crea muy buena onda.

Nos dedicamos a hacer treckings por los cerros y caminos cercanos: el domingo subimos al cerro "los cristales", unos 1200m de altura, y desde lo alto se admiran las famosas torres del Paine, en Chile, y varios glaciares, entre ellos el famoso Perito Moreno; el lunes visitamos un lugar donde hay pinturas rupestres de la cultura tehuelche, indígenas que habitaron esta zona de la Patagonia; y el martes visitamos el Perito Moreno, el glaciar más grande del mundo en avance, una obra de arte de la Madre Tierra. Hacemos la siguiente jugada para entrar en el parque nacional donde está el glaciar sin pagar la entrada (que cuesta 60 pesos por persona): la tarde anterior, los chicos se van a Calafate a dedo; allí alquilan un coche por un día y regresan al Lago Roca; al día siguiente nos levantamos a las 6 de la mañana y con el coche nos vamos hasta el glaciar, que está a unos 40 km del lago, de manera que entramos en el parque nacional antes de las 8 h. (hora de apertura) y n hay nadie en las taquillas de entrada; disfrutamos de las vistas recorriendo las pasarelas casi vacías, en el silenio de la mañana se escuchan los desprendimientos del hielo, que al caer en el agua resuenan largo rato como un rugido que recorre todo el glaciar...ese sonido es algo único en el mundo. A las 10,30 h. empiezan a llegar colectivos llenos de gente y nosotros ya hemos disfrutado de un encuentro íntimo con el señor Moreno; tomamos el desayuno tranquilamente y a eso de las 12,30 salimos del parque; por suerte, no nos paran a la salida y la jugada nos sale perfecta. Al alquilar el coche, el transporte también nos ha salido mucho más barato; en total hemos ahorrado 200 pesos por pareja y, conforme están los precios por acá, nos viene de perlas.

En el sur todo resulta mucho más caro que en el resto del país. Hay tanto turismo extrangero que se aprovechan de la situación: cobren lo que cobren, la gente va a seguir viniendo, ya que éste es un lugar único en el mundo. Menos mal que hay muchois campings, que son la alternativa barata para gente como nosotros.

Después de la visita al glaciar regresamos al camping, recogemos las cosas y volvemos a El Calafate. En la termnal de buses decidimos tomar dirección norte y muy a nuestro pesar descartamos Ushuaia, ya que el viaje resulta muy costoso y pesado y encima hay que ir y volver por el mismo sitio; hablamos de 18 h. de viaje por carretera de ripio, en el que hay que tomar 2 buses, cruzar frontera con Chile, un barco... La plata se nos va, hay que seguir hacia el norte. Así que compramos víveres y tomamos un bus hacia El Chaltén, a unos 230 km, un pueblito desde el cual arrancan un montón de senderos hacia lagos, cerros y glaciares imponentes. Llegamos a las 21,30 y hace mucho viento y frío. Decidimos buscar un techo y encontramos una cabañita que nos sale a 70 pesos por pareja, barato en este lugar. Ahí nos quedamos.





29 DIC: VUELTA A SAN NICOLÁS PARA FIN DE AÑO












Decidimos volver de tirón para descansar unos días en San Nicolás y celebrar con esa gran familia el fin de año. El viaje desde Tarija (Bolivia) a San Nicolás (prov. de Buenos Aires) se convierte en una odisea de 37 horas, un día + una noche +otra día. Se dice pronto...

Pero llegar a un lugar que conoces, donde te abren la puerta y te reciben con abrazos, donde te ofrecen cama y toallas limpias, te lavan la ropa, te preparan comidas llenas de amor y buen gusto, después de andar casi dos meses sin saber dónde vas a ir a parar (y a veces llegando a parar en auténticos cuchitriles...), ese es el regalo más grande que nos podría ofrecer esta atípica navidad.

Re-encuentros
gente nueva y gente renovada
fiestas y celebraciones
buen vino
comidas caseras de concurso
mucha música
canciones nuestras suenan en todas las reuniones
nochevieja "de joda" hasta el amanecer
se forjan amistades
se estrechan los lazos...

Descansamos 8 días, sin hacer demasiado, nos dejamos cuidar, disfrutamos de la piscina y el lindo jardín de la casa, de los helados de la "Italia", de los paseos por la ciudad...
Y así nos recargamos para seguir adelante, rumbo al sur, como CARACOLES, de aquí para allá, con la vida en la mochila a cuestas...





jueves, 1 de enero de 2009

22 DIC: LLEGÓ LA NAVIDAD...












El dia 22, mientras en España todos esperan la llegada de las fiestas, nosotros nos pasamos parte del día y toda la noche viajando: desde Villa Tunari a Cochabamba ( 3 h y media) y de Cochabamba a Sucre (desde las 7 de la tarde hasta las 6 de la mañana). Duro viaje en un bus viejo, estrecho, lleno de gente que duerme hasta en los pasillos y en los maleteros, poco ventilación, olores fuertes... Estamos desarrolando con creces la virtud de la paciencia en este viaje.

Llegamos a Sucre, nos instalamos en un céntrico hostal, dormimos 2 horitas en posición horizontal, nos duchamos y salimos a recorrer las calles. Cómo no, el mercado nos atrapa: "¿ qué va a llevar, joven?"; "vengan, vengan! hay sopa de maní, chicharrón, majadito, tallarín con pollo!"; "comprame platanitos..."; "¿qué andan buscando?"; "ensaladita de frutas le daré, batido multivitamínico, pasen, pasen!"; "hay choripan, sanwich de palta con huevo, mate de coca, café, tomen asiento, ahisito nomás!"... Las voces de las mamitas no cesan en todo el día. Se respira la navidad, hay muchos puestos de juguetes, dulces navideños (el panetone y el roscón), árboles y adornos, belenes, villancicos (versión cumbia! socorrooo!!)

La ciudad es bonita, alrededor de la plaza 25 de mayo (fecha en que se logró la libertad en la guerra de independencia gracias al mariscal Sucre) se encuentran los edificios más importantes, todos de estilo colonial, que hoy en día hacen la función de iglesias y museos. También se ve a muchísima gente mendigando, tirada en la calle...uf!! son imágenes de 2 segundos que se clavan en la mente para toda la vida.
El día de nochebuena por la mañana viajamos a Potosí. llegamos a mediodía, nos instalamos y cogemos un micro que nos lleva al centro. Comemos una sopa en los comedores del mercado y después nos vamos hacia la Casa de la Moneda. Mala suerte: en la puerta hay un cartel que dice que va a esta cerrado 2 días por las fiestas navideñas, y justo ese es el tiempo que nos vamos a quedar... Es una pena porque dentro hay un museo del que todo el mundo habla, que cuenta la historia de la ciudad, tan importante durante la colonización con su imponente Cerro Rico, llenito de plata por fuera y por dentro, y también de cómo se empezaron a cuñar las primeras monedas en el continente. todavía hoy se sigue explotando el cerro, al pobrecito le están sacando las entrañas los sufridos mineros, que trabajan en durísimas condiciones por un sueldo de mierda. Justamente vemos una manifestación en la plaza central: para hacerse oir, estallan dinamita en las calles.
Nuestra cena de nochebuena consiste en una rica ensalada de frutas con yogur, pero poco puede comer Rober: le agarra un virus o algo así y se pasa la noche de cagaleras y vómitos...menuda nochebuena!

Al día siguiente, Navidad, como Rober está hecho polvo, nos pasamos la mañana sentados en un banco de la plaza viendo a los niños "bien" estrenando sus regalos de papá noel mientras los niños de la calle les observan con atención. Viva imagen de la desigualdad social latinoamericana.

Por la tarde cogemos el bus hacia Tarija y llegamos al día siguiente a las 6 de la mañana después de 11 h de carretera de piedras. Sin comentarios... Nos acomodamos en un alojamiento familiar y descansamos un rato. Después salimos a recorrer el centro de la ciudad: es el lugar con más gente de piel blanca que hemos visto en el país, aunque la mayoría sigue siendo indígenas. Por fin dejamos atrás el frío y el mal de altura, ciudad tranquila entre montañas, con ese particular trajineo de la gente boliviana, unos venden, otros compran, otros piden; viven, sobreviven, dejan que la vida pase sin más...

Al día siguiente nos vamos en micro a un pueblecito cercano llamado Coimata y pasamos el día en las montañas (cordillera de Sama), junto al río y los saltos de agua. Subimos 3 km por la quebrada, entre espesa vegetación, y en medio de dos cerros admiramos un salto de 3o m, espectacular. Ya teníamos ganas de naturaleza, las ciudades en Bolivia son muy pesadas. El humo que tiran los tubos de escape es irrespirable. La mayoría de los autos son viejos y no pasan ningún tipo de control. A veces tenemos que ir con media cara tapada con la chaqueta para no respirar esa porquería.

Y en fin, al día siguiente el virus me agarra a mí, igualitos síntomas que Rober, un día y medio largando residuos corporales, malestar, dolor de huesos... Depuración, al fin y al cabo, nada más grave que eso...
(FOTOS: 1) Coimata;
2) Tarija;
3) Potosí, Cerro Rico al fondo;
4) mamita e hijita;
5)mercado central de Sucre)

17 DIC: DE VUELTA AL ALTIPLANO: HACIA COCHABAMBA








El miércoles 17 de diciembre nos pasamos el día viajando: 3h y m4edia desde Copacabana a La Paz y 9 h más desde La Paz a Cochabamba. Llegamos de noche, muy cansados, y nos metemos en el primer hotel asequible que encontramos.


Al día siguiente paseamos por Cochabamba; alguien nos dijo que esta ciudad era linda, pero a nosotros no nos gusta nada, es sucia y apestosa, llena de coches que pitan a todas horas, caótica urbe incansable. Así que no lo pensamos demasiado y el viernes por la mañana salimos en bus hacia Villa Tunari, un pueblecito dentro de la provincia de Cochabamba enclavado en la selva boliviana. El viaje debería haber durado 3 h, pero tardamos 5 h en llegar: el bus, un cacharro lleno de polvo y mugre; el conductor, un gordo grasiento temerario que adelanta a camiones en las curvas y grita insultos a quien hace lo mismo que él, que engulle pollo con arroz mientras conduce, que para en todos los puestecillos de carretera para comprar más y más comida, que pone cumbia y reeageton a todo volumen y a quien no le guste que trague y calle... y para colmo, a mitad de camino se pincha una rueda y hay que esperar a que el gordo la cambie. A pesar de todo llegamos sanos y salvos y nos reímos de la surrealista situación.


Villa Tunari está a 290 m sobre el nivel del mar y el cilma es muy húmedo y caluroso. El cuerpo suda a todas horas, de nuevo los mosquitos y bichos sorprendentes, las picaduras, el sol abrasador, las tormentas tropicales... Nos quedamos 3 días en este pueblo del trópico cochabambino. Una mañana hacemos rafting por el río (primera vez para los dos), remando con la corriente en los tramos rápidos (más de una vez salimos disparados de la barca al agua por la fuerza del río) y admirando la vegetación y los pájaros en los tramos tranquilos. Es curioso, las comunidades indígenas de la zona atraviesan el río en tirolina, ya que es bastante peligroso cruzarlo a nado, y a veces se ve a una familia, padre, madre e hijo, cargados con las compras, volando en la cuerda de un lado a otro.


También comemos aquí pescados frescos de río buenísimos, el surubí, el pacú y el sábalo, a la brasa, impresionantes. Son típicos de la región y resultan baratos, igual que los plátanos: puedes comprar una rama entera, en la que habrán unos 40 plátanos, por 5 bolivianos, que viene a ser medio euro, o una papaya enorme por 2 bolivianos... Nos ponemos morados de fruta y pescado.




miércoles, 31 de diciembre de 2008

12 DIC: LAGO TITIKAKA, ISLA DEL SOL












El viernes 12 de diciembre, bien temprano, tomamos una barca que nos lleva a la isla del Sol. Decidimos ir a la parte norte; en la isla hay tres pueblos o comunidades indígenas: Yumani al sur, Challa en el centro, y Challapampa en el norte. Una vez en la isla buscamos el refugio de Alfonso (recomendado por un chico de Almería que conocimos en Uyuni). Subimos por un camino cargados hasta los dientes de provisiones y al fin llegamos al lugar: un auténtico paraíso. Nuestra habitación es una casita de barro, paja y madera, con unas vistas impresionantes del lago.

Don Alfonso y su familia, todos indígenas, nos reciben muy amistosamente. Nos ofrecen todo lo que tienen, nos tratan desde el principio como parte de los suyos. Hablan aymara entre ellos y castellano con nosotros.

Por la noche nos juntamos todos los viajeros del refugio y la familia para hacer una hoguera a la luz de una imponente luna llena; vienen unos músicos y tocan zampoñas, quenas y bombos mientras cogidos de las manos bailamos alrededor del fuego. Don Alfonso dirige el ritual, nos da la bienvenida, recalca muchas veces que todos estamos aquí para COMPARTIR y aprender, para respetar y vivir en armonía con la PACHAMAMA, para recibir la energía del Lago y los lugares sagrados de la isla. Nos cuenta historias de la Isla del Sol, cómo los incas asustaban a los conquistadores con tambores que rugían desde lo alto de las montañas, cómo hacían sus sacrificios, cómo vivían... Él es también consciente del cambio climático que hace ya unos 5 años que se viene notando, la Pachamama se revela, el hombre se ha portado mal con ella; se merece un respeto, debemos ofrendarle todo lo que ella nos da, estarles agradecidos en todo momento, porque es nuestra Madre Tierra. Cada vez que Alfonso tomaba un alimento, antes de ponérselo en la boca, enterraba un trocito en el suelo o lo lanzaba al lago, ofrendándolo a la Tierra.

Pasamos una noche mágica; acabamos sacando la guitarra y cantando junto al fuego hasta bien entrada la noche.

Y así pasamos 4 días en la isla en compañía de todos estos caracolitos trotamundos con los que hemos conectado con una fuerza increíble: Rafael, fotógrafo, Sao Paulo; Juan, artista de la calle, Buenos Aires; Mónica, artesana, Colombia; Betty y Alfonso, profe y electricista, Italia; Carolina, cocinera, Barcelona; Ezequiel, est. de ciencias políticas, B. Aires; Bruno, naturópata, Portugal; Jésica, artesana, Colombia; Jose, carpintero, Huesca. Qué variedad.

Comidas y cenas espectaculares, hechas al fuego sobre una cocina de barro; bañitos en el Lago, en ese agua helada que te carga de energía todas las células del cuerpo; caminatas, música, malabares, artesanías, conversaciones sobre la vida, risas y más risas, juegos con los niños, sopa de quinua cocinada con la mamita... vida pura y primitiva en total armonía con la naturaleza.

El Lago Titikaka, la gente de la Isla del Sol, uno de los mejores hallazgos que hemos encontrado en este viaje. Sin duda, un regalo de esos que no se olvidan.

sábado, 20 de diciembre de 2008

4 DIC: CRUZAMOS NUEVA FRONTERA: DE LA QUIACA (ARGENTINA) A VILLAZÓN (BOLIVIA)












El jueves dejamos atrás las terapéuticas montañas de Iruya y regresamos a Humahuaca para coger otro bus hacia La Quiaca, ciudad fronteriza. Al llegar a la terminal nos sorprende el trajineo constante, lleno de gente cargada de cosas que va y viene o que espera. Nos vamos andando hacia la frontera; entramos en Bolivia con el pasaporte sellado para 30 días. Nos llama la atención otro cuño que nos ponen en la tarjeta de migración: "prohibido al turista trabajar y estudiar". Pisamos Bolivia ya de noche, ciudad de Villazón, buscamos hotel y a descansar.

Al día siguiente nos dedicamos a pasear por la ciudad: las calles son un mercado, por cualquier lugar que pasamos encontramos gente vendiendo todo tipo de cosas. La mayoría de mujeres, sobre todo las más mayores, van vestidas con el traje típico: faldas de colores, blusa, sombrerito negro, y siempre con la mantita boliviana en la espalda, donde llevan algo a cuestas, desde el bebé hasta cajas inmensas de alimentos. Somos dos embobados caminando por Villazón, la boca abierta y los ojos como platos. Qué gran cambio de cultura de un país a otro, de un pueblo a otro.

El sábado cogemos un tren hasta Uyuni, un pueblito hacia el norte, donde pararemos para visitar el famoso desierto de sal. Tren comodísimo de película de los 70, con un restaurante (donde nos sirven la cena), revisores y acomodadores con traje y gorrito, ventanas que se pueden abrir... Salimos a las 3 de la tarde y llegamos a las 12 de la noche. Ya en la estación de Uyuni vienen a ofrecernos alojamiento y excursión al salar para el día siguiente a buen precio.
Así que el domingo nos montamos en un todoterreno junto con dos chicas brasileñas y una familia de Cochabamba y nos vamos de excursión. Salimos del pueblo y a no mucha distancia nos paran en un "cementerio de trenes", un montón de vagones y locomotoras oxidadas que se abandonaron en el lugar por el año 1930, después de haberse utilizado para la explotación minera ( e indígena) de la zona. Después nos llevan al centro del salar, impresionante desierto blanco de 12ooo km y comemos más tarde en una isla de vegetación (cactus mayormente) llamada Incahuasi (en quechua, casa del inca). Por la tarde visitamos los llamados ojos, que son lagunitas de agua hirviente a causa de los gases de un volcán cercano inactivo. Regrasamos con la vista cansada de tanto blancor y prácticamente empalmamos con el viaje en bus hacia La Paz, desde las 20 h hasta las 7 de la mañana. El viaje más pesado hasta el momento: 5 h. de carretera de tierra y balanceo continuo más 6 h. de asfalto, ambiente frío, asientos incómodos, olores extraños... En fin, estamos en Bolivia.

Al llegar a la terminal de La Paz, cogemos un taxi que nos lleva hasta el centro (compartimos vehículo con españoles que hemos conocido en el bus y nos metemos 6 en el coche con las mochilas, un show) y nos instalamos en un hotel junto a la plaza Murillo, donde se encuentra la catedral y el palacio legislativo, lugar donde vive Evo Morales, presidente de Bolivia y muy querido por los bolivianos, según dicen las paredes.

Hay un patriotismo fuerte en este país, cosa lógica, ya que es el primer país de Sudamérica cuyo presidente es indígena, al igual que la mayoría de la población. Todo el mundo habla bien de Evo, que ha hecho muchas cosas buenas por la gente, que ha nacionalizado las empresas, mejorado la educación y la sanidad... en fin, que ha cumplido. Es un patriotismo lindo, que da su máximo valor al pueblo, al folklore, a la cultura aymara y quechua. Genuímo de verdad.

Nos damos una ducha milagrosa y salimos a recorrer el centro. Nos hechiza esta ciudad, en la calle se vende de todo: puestos de comida, zumos, frutas, comedores a 10 bolivianos el menú (poco más de 1 eu), artesanías, remedios naturales, dulces, niños limpiabotas, adornos navideños, minibuses antiguos, voces que anuncian sus productos elaborados... No sólo es etar en otro lugar, es estar también en otra época, es todo mucho más viejo que lo nuestro, más valorado, mejor aprovechado.

Acá no existen los hipermercados; las calles ofrecen todo lo que se puede comprar. Hay una zona donde cada calle está dedicada a un tipo de productos: ferretería, ropa, zapatos, comida, mercerías, chocolaterás, adornos, juguetes, bazar, y un larguísimo etc.

Pasamos 3 días en La Paz: callejeamos, visitamos interesantes museos (el museo de la coca, el de etnografía y folklore, el de instrumentos musicales, el de arte...); vamos al teatro municipal a ver al grupo Hiru Hichu, que hacen música andina y son muy conocidos aquí; visitamos la videoteca, donde hay un catálogo con cientos de documentales, eliges y te lo ponen, y vemos una entrevista a Eduardo Galeano buenísima...un poquito de todo lo que ofrece esta gran ciudad.
El jueves por la mañana tomamos un bus hacia Copoacabana, pueblo situado a las orillas del lago sagrado Titikaka. Llegamos a las 13,30 después de 3 h. de viaje, nos instalamos y compramos víveres para los próximos días que pasaremos en la Isla del Sol.

El atardecer en el lago es una maravilla absoluta; nunca vimos un cielo tan anaranjado...





lunes, 1 de diciembre de 2008

27 NOV: REGRESO AL NORTE: JUJUY












El jueves a las 10 de la mañana tomamos el bus a San Miguel de Tucumán, capital de la provincia, y desde allí otro bus a San Salvador de Jujuy. Regresamos al norte por otro lado, tomando la ruta 9; esta carretera llega hasta La Quiaca, el paso fronterizo con Bolivia situado más al norte del país. La ruta pasa por numerosos pueblitos que conservan aún la esencia de la cultura indígena en sus artesanías, vestidos, casas, música, danza, alimentos... El folklore argentino más auténtico que hemos sentido hasta ahora.

Hacemos noche en Yala, un pueblito 14 km al norte de S.S. de Jujuy, por no quedarnos en la ciudad, en una especie de motel de carretera. De película. A la mañana siguiente tomamos un bus hacia Purmamarca, un pueblo chiquito y encantador situado al pie del famoso Cerro de los 7 Colores. Por la tarde hacemos la caminata por los alrededores del pueblo y el colorido del paisaje es único, te rompe la cabeza!; no son 7 los colores, son muchísimos más: marrones, rojos, violetas, verdosos, rosáceos, amarillos, grises... y también dependiendo de cómo le da el sol, va cambiando de tonalidad, y las nubes, de un blanco impoluto, le dan el toque mágico a este carnaval que cada día celebra aquí la Pachamama. No hacemos más que agradecer el poder estar aquí y disfrutar de este importante momento vital.

El sábado seguimos nuestro recorrido hacia el norte por la ruta 9 y paramos en Tilcara. Estamos a 2500 m sobre el nivel del mar y lo notamos bastante. El pueblo es bastante grande, rodeado por los cerros y un poquito de verde, calles sin asfaltar, casas hechas con barro, paja y madera, gentes que viven de la plata que los visitantes como nosotros dejamos en el lugar, y otras gentes auténticamente indígenas, que labran la tierra o manifiestan su arte en la cerámica, la madera o las ropas que venden en los puestitos de la plaza. Pasamos 3 días en este pueblo, recorriendo las montañas, las calles, el mercado, el museo arqueológico, y el pueblo abandonado del Pukará, un impresionante lugar en lo alto de un cerro cercano, donde lo único que suena es el viento y nuestros pasos, donde se respira la esencia de una antigua ciudad habitada por los collas y más tarde por los incas, un punto estratégico de batallas y intercambios comerciales en aquellos tiempos y desolado en el ahora...

El martes 2 de diciembre, cumple de Rober, viajamos hacia Humahuaca, otro pintoresco pueblito de la quebrada; encontramos la sede de una ong llamada "omahuacas", que trabaja con todas las comunidades indígenas de la zona, y hablamos un buen rato con uno de los encargados, pero lamentablemente están cerrando el año y todos los proyectos los van a realizar dentro de 2 meses. Seguiremos intentándolo, tal y como venimos haciendo hasta ahora.


Humahuaca es la capital cultural de toda esta zona, en el centro se encuentra el monumento a la independencia, del cual nos explica su historia un niño indio, todo dicho de carrerilla y sin pausa, con lo que no nos enteramos prácticamente de nada.


Hacemos noche en un hostal barato y al día siguiente salimos hacia Iruya, que está en la provincia de Salta, en un microbus auténtico como el que más, por un camino de tierra que va recorriendo en eses las montañas, atravesando arroyos y sorteando a los burros que andan por el camino. 60 km en tres horas. Al llegar al límite entre Jujuy y Salta un cartel indica que estamos a 4000 m sobre el nivel del mar, hce un frío de cogarse y viajamos a la misma altura que las nubes. Al llegar al pueblo nos ofrecen alojamiento en una casa por 10 pesos y no lo dudamos.


Es el pueblo más recóndito que hemos visto hasta el momento, redeado por montañas de variados coloridos, cuyas cimas coronan las nubes, calles de piedra que suben y bajan en agudos ángulos, casas con las puertas abiertas, gentes tranquilas, casi todos de rasgos indígenas, con su particular forma de hablar, con la humildad en la mirada. Nos cargamos de energía limpia en este lugar.